Y la segunda parte del encuentro no hacía otra cosa que confirmarlo: el resultado definitivo sería 5-1 y a dormir. Aunque el micro que iba en camino a la cancha de Lanús ya supiera que ganarle el torneo a Newell’s era prácticamente imposible, la ilusión no se aniquiló del todo hasta que se perdió totalmente el rastro de huella de chance. Y, entonces, Ramón Díaz respiraba frío, aunque adentro, bien adentro, su enojo brotaba como fuego.
En el césped estaban Juan Manuel Iturbe, Jonatan Maidana, Carlos Sánchez y Rogelio Funes Mori. En la lista, también. Ramón Díaz veía correr en el campo de juego a un grupo de jugadores a los que ya no va a tener en cuenta para el próximo campeonato, el del segundo semestre, el que quiere pelar con herramientas poderosas. Por ahora, esa era y es su prioridad: que algunos no estén más.
Un poco es su bronca, un poco es la perspectiva económica que sabe que cuenta y otro poco es el disgusto general. Este plantel que Ramón Díaz conoció durante estos seis meses no era su desvelo ni su sueño, queda clarísimo. No los eligió él y, de hecho, entre los refuerzos que le trajeron, pidió solamente uno de esos nombres.
Y como consecuencia de todo eso, al terminar el partido de la goleada ente Lanús, hubo una fuerte bronca. Una imagen parecida se había visto en La Paternal, cuando cayó contra Argentinos, en un partido que hubiera sido definitorio en la pelea por el campeonato. Un día después de aquello, Newell’s perdió contra All Boys en Floresta. En cambio, si River le hubiera empatado o ganado al Bicho, habría llegado con otra perspectiva muy distinta, bastante mejor, a jugar el domingo pasado con Lanús, en la cancha del Granate.
Lo que seguro sentenció el enojo del entrenador fue la salida de algunos jugadores. El más significativo es Iturbe, por el que River debería hacer un esfuerzo muy grande, y Ramón Díaz preferiría invertir lo que haya en otras perspectivas. De la misma manera piensa con respecto a Rodrigo Mora, a quien también puso en la lista de prescindibles. Se sabe casi de memoria en los pasillos del Monumental: apenas, de los puntas, quedarían Carlos Luna y David Trezeguet. A cambio, el entrenador pidió tres. Tal vez pensando en ellos se le pasó la bronca.
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