jueves, 20 de junio de 2013

Símbolo de Newell’s, Martino lo llevó otra vez a la gloria con un nuevo título local. Es el único que pudo consagrarse campeón como jugador y como entrenador de La Lepra. “Todavía no caigo”, dijo emocionado.

Gerardo Martino se inventó para escribir una historia de amor dentro de Newell’s. El Tata, el de la camiseta roja y negra y de las ideas renovadoras en su rol de entrenador. El mismo que pateaba chapitas en ese potrero de Moreno y el pasaje Lord Kelvin y que ahora se desahoga en un grito en el hotel Amerian de Resistencia, donde el plantel de 25 jugadores que viajó para el partido de la Copa Argentina ante Talleres celebra este nuevo título en el Torneo Final, luego de esos 45 minutos en los que Lanús no puede torcer el 0-2 frente a Estudiantes de La Plata. “Todavía no caigo”, dice el técnico, símbolo y leyenda de este club que lleva su nombre a una platea del estadio y a lo más alto de las emociones pasajeras que se recuerdan para siempre.

Líder dentro del campo de juego, el Tata del talento eterno fue uno de los conductores de los equipos campeones con la camiseta de Newell’s a fines de los ’80 y principio de los ’90. Primero, con José Yudica en el banco de los suplentes. Luego con Marcelo Bielsa en la voz de mando, para llegar a dar una vuelta olímpica en la recordada final jugada en La Bombonera frente a Boca en 1991. Martino es el futbolista que más partidos jugó con esos colores. En total, fueron 505 y 35 goles para ser una pieza importante en los títulos de 1987/88, 1990/91 y 1992. Esa es la razón para que su figura sea parte del estadio Marcelo Bielsa, que tiene una platea con su nombre. “Se lo pusieron a esa tribuna porque acá jugaba yo, en la sombra”, bromeaba Martino el día de la presentación.

El vínculo de Martino con Newell’s es irrompible y tuvo su primer enamoramiento cuando Chacra, su padre, y Chipre, su tío, lo llevaron a la cancha a ver a La Lepra. Desde ese momento, el contagio y la fantasía de ser futbolista –y de Newell’s, claro– creció lo suficiente como para dejar atrás los sueños de Mabel, su madre, que se esperanzaba con la posibilidad de que su hijo fuera un estudiante universitario. Sin embargo, esta fría tarde de junio de 2013 lo tiene al Tata –más que nunca– dentro del corazón de varias generaciones por ser el único en conseguir ser campeón como jugador y entrenador de esta institución.
A los 17 años, Martino debutó en Newell’s en un equipo donde jugaba Américo Gallego. Justamente el Tolo, el último de los entrenadores que condujo al equipo en 2004 al último título del club. Hasta ayer, que este Newell’s del Tata le puso su nombre a la gloria con un fútbol digno y con un sentido de pertenencia que quedaba lejos antes de su arribo como técnico. En esos tiempos, la idea original se limitaba a conseguir una buena cantidad de puntos para eludir cualquier posibilidad con el descenso. Un dato: arrancó su temporada con la misma cantidad de puntos que Independiente.

La eliminación en la Copa Argentina contra Talleres es, apenas, un episodio más. “Voy a caer cuando termine todo. Me cuesta un poco analizar esto ahora. Por ahí no fue tan conveniente que nos haya tocado vivir algo tan importante junto a esta eliminación”, comentó el técnico una vez finalizado el partido en Chaco. El cielo, a esa altura, ya se había tocado con las manos. Ahora, además, llega la oportunidad de la súper final con Vélez (campeón del Inicial) que se disputará el 29 en Mendoza y la semifinal de la Copa Libertadores el 3 y 10 de julio con Atlético Mineiro. Ese será, definitivamente, el fin del ciclo de Martino en Newell’s. En realidad, el punto aparte de un tipo que difícilmente se pueda ir de un lugar donde vivirá para siempre. “Nos dimos el gusto de jugar como queríamos y como nos gusta a nosotros. Además de disfrutarlo, hemos ganado. La pasamos muy bien”, celebró el Tata. Ese, sin dudas, es el mejor de los títulos. Jugar como le gusta.

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