martes, 5 de noviembre de 2013

El equipo de Carlos Bianchi sin Juan Román Riquelme ni Fernando Gago es una formación que se desorienta muy rápido, a la que le cuesta muchísimo encontrar un rumbo definido.



Quién puede poner en duda que Juan Román Riquelme y Fernando Gago son dos de los jugadores mejores dotados técnicamente del fútbol argentino? Nadie. Y en este ámbito criollo, donde los partidos se tornan muchas veces batallas campales por sacarle la pelota al rival, y se elogia más a los corredores y metedores que a los habilidosos, Boca tiene un lujo que nadie puede dárselo por estos días: Román y Pintita visten la azul y amarilla. Sin embargo, los dos juntos jugaron poco y nada, y lo que más debe preocuparle al Virrey es que cuando no tiene a ninguno de los dos, su equipo hace agua por los cuatro costados, como le pasó el domingo ante San Lorenzo.

Boca gira en torno a estos dos jugadores, o a uno, o a otro, y quedó demostrado claramente cuando no están: el equipo pierde el rumbo. No encuentra su horizonte y se torna un cúmulo de futbolistas que están dentro del campo viendo qué pasa y tratando de que el rival le haga el menor daño posible. No hay inventiva. No hay atrevimiento. Este Boca, sin sus dos astros, es un ciego sin su lazarillo. Esto ocurrió dos veces, ante Olimpo en la sexta fecha y anteayer en el Nuevo Gasómetro. Los resultados fueron desoladores, 0-3 en Bahía Blanca y 0-1 con baile incluido en el Bajo Flores. Está más que claro que el Virrey no les puede encontrar la mano a las ausencias de sus dos máximas figuras.

Es cierto, sí, que remplazar a esos dos “monstruos” no es tarea sencilla. Sin embargo, el DT boquense tampoco pudo disimular al menos sus faltas dentro de una cancha. Con intérpretes de otras características, sea cual sea al que le toque jugar, y con un esquema un tanto más conservador, Boca no tiene chispa. Ni Méndez, ni Ledesma, ni Ribair, ni Sánchez Miño, por nombrar a los cuatro volantes que actuaron frente al Ciclón, pueden ponerse el equipo al hombro y conducir hacia adelante a sus compañeros. Tampoco Leandro Paredes, ungido como el sucesor de Riquelme, justamente por el mismo Román. A Bianchi no le cierra el pibe, entonces, lo hace jugar poco.

En lo que va jugado del campeonato, 14 fechas, el Virrey pudo tener solamente en tres partidos a Román y a Gago juntos: 2-0 a Quilmes, 1-0 a River y 2-0 a Colón. Más claro, echarle agua. Ahora, cuando los dos se ausentaron: 0-3 ante Olimpo (Riquelme lesionado y Pintita en la Selección) y 0-1 con San Lorenzo (ambos lesionados). Clarito, ¿no? Claro que tenerlos a los dos es un plus, pero sabiendo de sus debilidades había que armar un plan B. Riquelme estuvo un mes sin jugar por un desgarro y Gago ya lleva tres desgarros en seis meses; el director técnico boquense no tomó recaudos para, al menos, maquillar al equipo cuando no están.

No hay comentarios:

Publicar un comentario