sábado, 2 de noviembre de 2013

Ramón Díaz, salió a responderle a Gutiérrez, y en voz alta aseguró que “tiene que conocer el Monumental y ahí se dará cuenta sólo”. Inclusive llegó a amenazar veladamente: “Puedo darle una oportunidad a otro jugador”. El colombiano dijo que lo interpretaron mal y aseguró: “acá manda el técnico”.



Algunos días después del 29 de julio de este año, un periodista le preguntó a Ramón Díaz cuál creía que era la receta para controlar a Teófilo Gutiérrez. Con una sonrisa soberbia, respondió: “Tiene que conocer el Monumental y ahí se dará cuenta sólo.” Teófilo Gutiérrez no era un desconocido colombiano. Ya era Teo: un personaje que había sacado un arma dentro de un vestuario, que –tras jugar con su selección– había desaparecido una semana y reaparecido 48 horas antes de un clásico, que se había agarrado a trompadas con un compañero en un entrenamiento, que se había comparado con Lionel Messi, y que, a la vez, había metido 22 goles en 41 partidos con la camiseta de Racing. Al comienzo de su tercer ciclo como entrenador de River, Ramón Díaz anunció que iba a “recuperar” a algunos jugadores: el Lobo Ledesma, Walter Acevedo, Adalberto Román y el Chino Luna, entre otros. Con Teo, planteó algo similar: él iba a controlarlo. Noventa y cinco días después de la llegada del delantero a Buenos Aires, bajo una tormenta sin descanso, el técnico sentenció: “Teo no entendió lo que es River.”

Hay dos maneras de ver este conflicto. Una está en lo futbolístico. A finales del campeonato pasado, Ramón Díaz decidió cambiar a los delanteros del plantel –Rogelio Funes Mori, David Trezeguet, Carlos Luna, Juan Manuel Iturbe y Rodrigo Mora, este último volvió– y apostar por algo nuevo. Quince días antes de que finalizara el campeonato, le anunció a la dirigencia que quería a Teo. Lo imaginó como centrodelantero goleador. Pero, al llegar, el delantero –dentro de la cancha– desmitificó esa imaginación. Desde un comienzo, el entrenador tuvo que ocuparse, particularmente, de pedirle que jugara más adentro del área. En un principio, el punta no le prestó importancia; el técnico, tampoco. Con el correr de los partidos, se desató el problema porque, ni por adentro ni por afuera, Teo la metió –incluso, erró contra Belgrano un penal–. “Me trajeron para hacer goles”, admitió públicamente, aunque en privado explicó que no le convencía el esquema: “Quiero jugar con un delantero más adelantado y con un enganche que me traiga más la pelota.” 

Desde lo futbolístico, la posición es el conflicto: “Teo se tiene que adaptar al club, porque es más fácil que un jugador lo haga, a que todos se adapten a uno. Hay que poner voluntad de parte de todos, se va a tener que adaptar a lo que quiere su entrenador”, explicó ayer el técnico. Para Ramón Díaz, él es un 9. Sin embargo, por ejemplo, para José Pekerman, técnico de Colombia, es distinto: un segundo punta que acompaña a Radamel Falcao o, en su defecto, a Jackson Martínez. Algo que también explicó esta semana Mariano Pavone, ex compañero de delantera en Cruz Azul: “Yo jugaba más adelantado que él.”

La otra forma de ver está en lo personal: “Pudo haber tenido una declaración desafortunada, pero lo que les queda a los jugadores es demostrar dentro de la cancha. Podemos fallar un gol, no ganar un partido o no jugar bien, pero en la disciplina soy muy duro, no le dejo pasar nada a nadie”, admitió el entrenador, luego de que Teo anunciara que necesitaba “más asistencias”. En el medio de una supuesta controversia con el plantel, el delantero se excusó, diciendo que todo había sido un malentendido. Aun así, y aunque no le sea central, a Ramón Díaz no le convence que Teo tenga poco diálogo con el resto del plantel o que muchas veces no se quede a almorzar con los compañeros. 

Las dos opciones forman un clima incómodo en River, que sirve para justificar el mal desempeño en el torneo y el temor a quedar fuera de la Copa. Teo tiene 28 años, ya estuvo en ocho equipos distintos y jugará el próximo Mundial. Siempre fue un raro. Ramón Díaz, sin embargo, sabiendo esto, apostó por él. Por ahora, lo banca, aunque dio señales duras: “Si le tengo que dar la oportunidad a otro, se la daré”.

Los mensajes que deja escapar Ramón son bien claros y seguramente el plantel de River, más allá del delantero colombiano entenderá las razones que están detrás del discurso del entrenador riojano. Y como en el mundo del fútbol siempre se dice, el partido –en este caso con Estudiantes– puede ser un buen motivo para olvidar rápidamente todos los malos entendidos que se generan en la previa.

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