Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, Leandro Somoza, Santiago Silva y Lautaro Acosta son las sombras de Boca que ayer, en la noche del Monumental, le dieron la infinita alegría a Lanús y rememoraron, en parte, viejos episodios de una rivalidad que se lleva en la piel. Un estadio completo y repleto de hinchas de River, como en la famosa historia de la Libertadores de 2004, cuando el Mellizo fue uno de los actores principales en la eliminación de la semifinal. Ese mismo Guillermo, con nueve años más y ya vestido de camisa y pantalón de vestir, que vivió el partido desde afuera y como entrenador de su Lanús porque todavía le quedan tres fechas de suspensión. Sin embargo, esa limitación no le impidió al ex delantero disfrutar del rendimiento de sus jugadores y celebrar, también, esta nueva emoción personal por su pasado azul y amarillo.
En los dos partidos anteriores que Lanús enfrentó a River –uno por el Torneo Inicial, otro por la ida de los cuartos de la Copa Sudamericana– hubo pimienta, reclamos y temperatura elevada. De aquel gol sobre la hora que anotó Gabriel Mercado, para el triunfo en el campeonato a ese 0 a 0 donde desde los bancos de suplentes los técnicos se cruzaron ideologías y merecimientos –ese día Marcelo Barovero fue la gran figura de la noche– se llegó a este tercer partido en el que Lanús concretó buena parte de todo eso que insinuó en su juego. Y, como en la primera fase de la Sudamericana 2009, lo volvió a sacar de la competencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario