Con poco timing emocional o en un rapto de oportunismo, horas después de la eliminación de la Copa Sudamericana salió a la luz que River podría perder a su número 10 y uno de los mejores futbolistas del año, a pesar de la imagen desmejorada de los últimos partidos. Manuel Lanzini ya le había dicho que no a la posibilidad de irse a jugar a Dubai, pero su representante, con el aval de la familia del jugador, se volvió a poner en contacto con los jeques que manejan el Baniyas para reflotar la oferta millonaria del último mercado de pases, con la intención de bajar al enganche del barco que, al menos hasta el año que viene, está hundido.
En julio, el número que ilusionó a la dirigencia riverplatense era de 6,5 millones de dólares, pero a Lanzini poco lo atraía la idea de engrosar sus cuentas bancarias a costas de irse a vivir al desierto para jugar en una liga menor. Los jeques aumentaron la apuesta a 7,5 millones con la lógica de que por la plata baila el mono, pero Lanzini o no es mono, o no le gusta bailar: “Me quiero quedar en River para salir campeón.”
¿Qué cambió en estos meses para que se reflotaran las negociaciones? Lanzini ya no es la estrella del equipo –y de hecho ni siquiera es titular–, River ya no pelea por ningún título y el futuro del club es incierto. En lo deportivo, porque nadie tiene claro qué debe hacer para dejar este semestre en el pasado, mientras que en lo institucional todo podrá cambiar con las elecciones del 15 de diciembre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario