sábado, 15 de junio de 2013

Independiente tiene que ganarle a San Lorenzo y esperar un milagro: que pierda Argentinos y que no gane San Martín de San Juan. A las 15:10 empieza a sufrir: puede terminar el día en la B Nacional.

        INDEPENDIENTE - SAN LORENZO
Árbitro S. Trucco 
Estadio Libertadores de América 
15-06-2013
15:10 Hs. 

En Avellaneda se respira una realidad tan dispar que a cualquier sociólogo le sobraría material para hacer un extenso informe. Mientras Racing celebra por el malestar de su eterno rival, Independiente, que camina por la cornisa, afrontará el partido más duro de su historia. Un partido que puede marcar dos realidades: no sólo porque puede consumarse la caída a la segunda categoría del fútbol argentino, sino porque, si sigue con oportunidades de conservar su lugar en la A luego de la intensa tarde que se viene, afrontará la próxima fecha con muchas esperanzas. Lo concreto, de todos modos, es que hoy no habrá grises: o desciende por primera vez en su historia o llega a la última jornada del torneo Final con la firme ilusión de concretar el milagro.
¿Pero por qué Independiente llegó a esta situación tan extrema? En principio, en las tres temporadas que lo condenan a este presente, dos fueron los presidentes que tuvo el Rojo. En los primeros 18 meses, Julio Comparada fue el responsable de llevar adelante a la institución. En la segunda parte, Javier Cantero se hizo cargo de un barco que venía a la deriva. Evidentemente, la mala administración Comparada –dejó un club sumamente endeudado– no pudo ser mejorada por Cantero, quien, en cuanto a lo futbolístico, no pudo hacer pie en varios aspectos: el actual presidente, como primera medida, decidió sostener a Ramón Díaz, quien en la cuarta fecha del Clausura 2012 dio un paso al costado, después de perder cuatro juegos consecutivos. De todos modos, el error más importante pasó por la elección del siguiente entrenador: Cantero le dio el mando a Cristian Díaz, quien apenas había trabajado algunos meses en la Reserva.

Luego del fracaso de Díaz, el presidente apostó por Américo Rubén Gallego, quien no pudo transformar el pedido popular en buenos resultados. Miguel Brindisi, más tarde, trató de acomodar la situación: por momentos lo logró, a pesar de que las esperanzas, por estas horas, son muy pocas.
Por su parte, la gestión de Comparada –aparte del gran problema económico– contó con varias incorporaciones que no estuvieron a la altura. Se contrataron jugadores que tuvieron –y tienen– contratos altísimos y que rindieron muy poco. Además, se apostó por Daniel Garnero (apoyado por César Luis Menotti) como inicio de un proyecto: Dany apenas duró siete partidos, no ganó ninguno.
Los números, al cabo, son: durante el mandato de Comparada, Independiente obtuvo un 41% de los puntos (ganó 16 veces, empató 22 y perdió 19), mientras que con Cantero al frente de la institución, el porcentaje fue del 35% (13 triunfos, 19 empates y 23 derrotas). Para cualquiera de los dos proyectos, las estadísticas futbolísticas son sumamente malas.

Al cabo, por estas razones –y más–, esta tarde, cuando el sol asome imponente sobre el Libertadores de América, cuando un puñado de corazones nerviosos respiren en las tribunas, Independiente, sí, el Rey de Copas, ese que hizo historia y escuela, podrá perder la categoría.

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