Hay dos River. Uno que no tiene fútbol, ni sorpresa, ni gol y que se quedó afuera de la lucha por el campeonato local cuando todavía faltaba más de medio torneo por disputarse. Y otro que posee exactamente las mismas carencias que el primero, pero que está a 90 minutos y un tanto de meterse en las semifinales de la Copa Sudamericana. La principal diferencia entre ambas versiones del mismo equipo está en los modos: mientras que el conjunto que juega en el Inicial no puede, el que se presenta en el certamen internacional (con los mismos nombres) no quiere.
Porque cuando juega entre semana de visitante, Ramón Díaz aplica la lógica del “partido de Copa” que instaló tras el triunfo 1-0 sobre San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro en el primer partido de la Sudamericana: la prioridad no está en lastimar el arco rival, sino en proteger el propio. Y frente a Lanús esa postura se notó desde la formación inicial: la presencia de Matías Kranevitter en lugar de Ariel Rojas evidenció de entrada la cautela con la que el Millonario se plantaría en el Sur y la presencia de Leonardo Ponzio por sobre Cristian Ledesma adelantó que la tenencia de la pelota no sería el leitmotiv a conseguir.
Si a esas dos cuestiones se le suma que Manuel Lanzini estuvo desaparecido en acción y nunca consiguió hacerse dueño de la pelota, el resultado más esperable era el que sucedió: River fue un equipo tan largo que prácticamente parecían dos conjuntos distintos. Por un lado estaban Lanzini y los dos delanteros y por el otro, bien alejado, todo el resto. Con un Carlos Carbonero que se paró más como interior que como extremo por la derecha, los nexos entre los dos mundos nunca aparecieron y el único camino que le quedaba al visitante para intentar cortar la racha de cinco partidos sin convertir eran los remates desde media distancia, que nunca le llevaron peligro a Marchesín.
Ni siquiera le salió bien el plan de abroquelarse cerca de su área al conjunto de Ramón, que evitó la derrota solamente (y una vez más) gracias a la actuación de Marcelo Barovero. La floja actuación colectiva del fondo, encima, dejó secuelas para el próximo partido: la expulsión de Eder Álvarez Balanta le complica el panorama al entrenador con miras al partido de la próxima semana en el Monumental.
Del otro lado, Lanús también quedó en deuda. Aunque el conjunto de Guillermo Barros Schelotto fue más que su rival durante casi todo el partido (cuando promediaba el complemento el Millonario apenas si insinuó una recuperación de territorio) y en el fútil partido de los merecimientos fue claramente el ganador, al local le faltó fineza para llevarse la ventaja que lo hubiera dejado mejor parado de cara a la revancha. Y también dejó algunas dudas en el fondo el equipo del Mellizo, que sufrió en las pocas ocasiones en las que el visitante intentó generarle algún peligro.
Desde la lógica de la Copa que instaló Ramón, el ganador del primer duelo fue River. Pero deberá mejorar mucho el Millonario de cara a la revancha si quiere ser el vencedor futbolístico de la serie.
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