martes, 29 de octubre de 2013

El gol de Zuculini y el triunfo en Bahía Blanca le devolvieron la vida a Racing, que ganó su primer partido en el torneo y cortó una racha que parecía no tener fin. Los jugadores lo festejaron como si fuera un título.


Racing llegó a Bahía Blanca con la carga pesada de haber perdido los últimos seis encuentros que disputó. Con apenas dos unidades, último en el campeonato, sin victorias en las primeras doce fechas y a siete de la zona de descenso. Mostaza Merlo plantó en el primer tiempo un equipo para intentar no perder y no alcanzar otra racha negativa en el club de Avellaneda: nunca en la historia le ganaron siete encuentros consecutivos. Pero después de una etapa inicial en que se pareció mucho al equipo desordenado y desesperado de todo el campeonato, con jugadores a los que se notaba muy mal anímicamente, la Academia mostró otra actitud en el complemento y cortó una sequía que parecía eterna: le ganó 1-0 a Olimpo con un gol de Bruno Zuculini, convirtió un tanto después de 626 minutos, triunfó después de 14 partidos y, sobre todas las cosas, respira. Por eso, después del pitazo final, los futbolistas lo festejaron en la mitad de la cancha como si fuera un título.

Ni con el éxtasis que generó el regreso de Reinaldo Carlos Merlo al club en donde tiene una estatua, Racing había podido ganar. La crisis parecía interminable. Más aún, después de ver cómo el equipo de Avellaneda no reaccionaba y le regalaba la pelota a un rival directo en la lucha por quedarse en Primera, situación que nadie de La Academia esperaba atravesar esta temporada. Pero en el complemento, el diluvio que caía en Bahía Blanca frenó y, como si fuera un mensaje y una ayuda divina, todo cambió: Bruno Zuculini convirtió, desahogó a un club que estaba en llamas y trajo un poco de paz.

Racing, que perdió diez partidos en el torneo, que tiene la misma cantidad de derrotas que su peor racha en torneos cortos (temporada 2010/2011 con Miguel Ángel Russo como entrenador), festejó el triunfo con abrazos propios de un equipo que se sacó un peso de encima. Los suplentes ingresaron al estadio y, como si estuvieran levantando el trofeo de campeón, saltaban emocionados.

Mostaza Merlo vivía las acciones desaforado, nervioso y con ganas de que el encuentro terminara lo antes posible. Caminaba velozmente de un lado a otro del corralito, les pedía la hora a los asistentes y se desesperaba cada vez que atacaba Olimpo.
Inmerso en el infierno deportivo en el que estaba, Racing ganó y el clima terminó como un paralelismo de lo que es el momento que vive Racing: empezó con truenos y relámpagos, como si ese mal momento estallara en mil pedazos, y terminó con un cielo despejado, con un equipo tiene la chance de encontrar un poco de aire.

Después de cortar la racha adversa, luego de sacarse de encima la maldición que se respiraba en Avellaneda de haber ganado el último encuentro el día en que se festejó el descenso de Independiente, ahora La Academia tiene la gran oportunidad de despegar del fondo de la tabla ante Gimnasia, el próximo fin de semana. Con Mostaza en el banco y con la primera victoria en el bolsillo, Racing tomó aire. Volvió a respirar.

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