El tipo, después de la charla que tuvo, hizo los deberes. Arrancó jugando de 9, yéndose a pelear con Alexis Niz, chocando y chocando, viendo pasar la pelota de lejos, por arriba y por los costados. El lunes, Ramón Díaz lo había expuesto abiertamente, en el medio del Monumental, en una práctica televisada, pidiéndole que jugara metido dentro del área y dejara de pararse en el lugar que quería. Diez minutos aguantó ahí clavado, negando su propia naturaleza. Sin embargo, siguió siendo la nada: Teófilo Gutiérrez, en terapia con el entrenador o con instinto natural, sigue sin meterla y el fastidio crece en abundancia. Ayer, en el empate sin goles contra Atlético Rafaela, se perdió una clarísima. En el torneo no la mete desde la tercera fecha, contra Colón, y ya lleva un mes sin convertir, desde la noche en que River le ganó 2-0 a Liga de Loja, por la Copa Sudamericana.
Pero ayer fue especial. A los 6 minutos del primer tiempo, Ramón Díaz lo miró y le hizo señas, exigiendo que siguiera dentro del área y que aguantara los embates de Niz. No la veía ni pintada la pelota por ahí. El juego de River viajaba por Leonel Vangioni, por Ariel Rojas, por Jonathan Fabbro y por Carlos Carbonero. Nunca le llegaba. Esos cuatro minutos posteriores al llamado del entrenador lo hicieron pensar y pensar, hasta que la naturaleza le brotó de la piel: se tiró a la izquierda, para ver si ahí encontraba algo más de espacio. El problema era un poco de él y otro poco de River: por esas periferias, tampoco había ningún tipo de jugada. Decidió volver hacia el centro, a ver si los pedidos del técnico, en definitiva, lo ayudaban. Duró, otra vez, poco. A los 30, la rebeldía regresó: se fue para la izquierda, viajó hacia la derecha, rotó por todas las tierras del ataque.
Su presencia en el partido creció, empezó a generar y, desde ese lugar, llegó la más clara de River. Desde la izquierda, tiró un centro que bajó Carbonero y que Rodrigo Mora cambió por gol, en una jugada que el juez de línea invalidó injustamente, puesto que nada estaba en offside. Ahí hubo que darle la derecha: generó el espacio como para que la jugada se volviera éxito. A los 34 minutos del segundo tiempo, arma otra buena jugada desde afuera del área: una a la que terminan dándole forma Fabbro y Mora, quienes no logran definirla por un gran cierre de Rodrigo Erramuspe.
Su peor participación y la que levantó más fastidios en este delantero por el que River pagó 3,5 millones de dólares al Cruz Azul. Tras un centro cruzado, Teo quedó simplemente para empujarla y la pifió, como nunca hacen los grandes goleadores. Todos se mordieron los labios. El nueve seguía sin aparecer, sin meterla.
Teo, aún así, suma mucho desde otros ángulos del juego. Genera espacios, construye jugadas, gambetea y saca ventajas por su excelente técnica. Sabe ver los partidos, visualizar debilidades y alentar a los compañeros. El dilema pasa por un solo lugar: no hace goles. De a ratos, le hizo caso a Ramón Díaz. De a ratos, no.
Habrá que seguir esperándolo.
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