No fue un partido usual ni de Messi ni del Barcelona. El jugador argentino, por decisión de Martino, se ubicó como en los tiempos, en la posición de extremo derecho con la intención de evitar la proyección al ataque de Marcelo. Ubicado sobre la raya participó mucho menos del juego en ataque pero colaboró mucho en la presión y en el aspecto defensivo. El Barcelona tampoco jugó como es su costumbre porque el Real salió a presionarlo e impedirle su tradicional y prolija salida con la pelota por el suelo. Sin embargo por más, que tuvo que tirar más pelotas largas que de costumbre, no traicionó para nada su esencia.
Los goles y las situaciones de gol del Barcelona llegaron gracias a la presión alta que pensó Martino colocando a Neymar y Messi sobre los extremos y con un despliegue físico inmenso tanto de Iniesta como de Cesc. Cuando en el partido no pasaba nada, cuando ninguno de los equipos sabía cómo resolver las sorpresas tácticas que habían ideado los técnicos, el equipo culé recuperó la pelota delante de mitad de cancha, tal como planificó el "Tata", e Iniesta con un mínimo de espacio para jugar apiló jugadores y habilitó a Neymar que definió bien al segundo palo aunque ayudado por un rebote en las piernas de los defensores merengues. Segundos más tarde, el mismo Iniesta, demostrando que maneja los hilos tanto de la estrella brasileña como de la estrella argentina, habilitó al vacío-en tal vez el pase más perfecto del año- a Messi quien definió como siempre: de zurda con comba y al segundo palo. Pero le falló la mira por varios centímetros.
El resto del primer tiempo se consumió por el lado del Madrid con Modric sin poder hacerse cargo de la generación de juego, con Sergio Ramos perdido jugando de 5, con Khedira desubicado sobe la banda derecha pero con los tres delanteros: Bale, Ronaldo y Di María presionando a los defensores rivales y generando mucho peligro cada vez que conseguían quedar con pelota dominada de frente al arco de Valdés, quien tuvo algunas atajadas brillantes. Del lado de los visitantes, Neymar cerró sus mejores 45 minutos en el Barcelona, volvió loco al lateral Carvajal con sus gambetas, amagues y pisaditas. E Iniesta, a pesar de no recibir la ayuda esperada de Cesc, dio un festival de fútbol cada vez que la pelota pasó por pies.
En la segunda etapa la tónica no cambió. Ancelotti prescindió de hacer ingresar a un generador de juego como Isco y optó por Illaramendi para reemplazar al flojo y desorientado Sergio Ramos en la zona media defensiva. Di María y Ronaldo fueron desequilibrantes con la pelota en los pies pero el mayor problema es que lo tocaron poco y, la mayoría de las veces, lejos de la zona de peligro. En cambio Bale, quien había estado muy movedizo en la primera etapa, pareció sentir el cansancio y fue reemplazado por Benzema. Y fue justamente el delantero francés fue quien tuvo la gran oportunidad del empate con un remate perfecto, a toda velocidad y ultra potente que pegó en el travesaño. Cristiano también tuvo su chance tras una asistencia de Di María pero Mascherano, en una gran acción, le puso el cuerpo y no lo dejó llegar a la pelota. El portugués reclamó un penal inexistente durante los siguientes 20 minutos del partido.
Con el derby entrando en zona de definición, Martino empezó a mover el banco con los cambios que imponía la lógica. Sacó a un deslucido Cesc para darle lugar a la velocidad de Alexis, ideal para poder aprovechar de contra los espacios que dejaba el Madrid y también para darle una ayuda más al equipo en la presión alta. Y minutos más tarde decidió el ingreso de un jugador físico como Song en reemplazo del "cerebro" Iniesta, quien si bien había hecho un gran esfuerzo, aún seguía demostrando cómo se juega al fútbol utilizando a la cabeza como mayor virtud.
Luego de esos dos cambios vinieron los momentos más mágicos de la temporada. Otra vez la presión alta le hizo recuperar al Barcelona la pelota sin muchos metros de distancia al arco de Diego López. Y Alexis Sánchez frotó la varita, desde afuera del área definió con una vaselina para convertir lo que será recordado como uno de los mejores goles de la historia del clásico español. Con el 2 a 0 parecía que no habría mucho más espectáculo. Sin embargo Dani Álves recuperó la pelota(otra vez bien adelante gracias a la presión) y ante la falta de compañía se largó a correr por el lateral hasta quedar encerrado por Cristiano Ronaldo y sin opción de pase. Sin embargo, el brasileño también tiene su varita mágica en el Camp Nou y la frotó para tirarle un caño inolvidable al portugues. Por esas injusticias del fútbol, Diego López atajó la definición de Álves. Y así acabaron los minutos mágicos del Barcelona. Escasos minutos pero suficientes como para que si alguien decretara que no se jugue al fútbol por una semana o por un mes, nadie pudiera quejarse. Se había visto arte en el Camp Nou.
Cuando todo parecía cerrado, Ronaldo aprovechó un error del Barcelona y, de contra, asistió a Jesé(ingresó por Di María) para el gol que le puso emoción al final del encuentro. Pero el equipo de Martino no sufrió: el Messi solidario, que se sacrificó gran parte del partido en pos del bien del equipo, salió a recordar que por más que Neymar y Alexis se hayan encargado hoy de los goles y de la magia, él sigue siendo el Rey. Y con la ayuda de Xavi y Pedro(ingresó por Neymar), se guardó la pelota en sus pies hasta que el árbitro pitó el final.
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