Vamos, vamos, vamos Boca, vamos, vamos a ganar, los de arriba son gallinas, los podemos alcanzar.” El cantito de la hinchada de Boca empezó a hacerse escuchar mientras el Burrito Martínez festejaba su tanto, el segundo del equipo xeneize. Y, claro, las noticias que habían llegado minutos antes desde Rosario que indicaban que el líder, Newell’s, volvía a dejar pasar la chance de escaparse en la punta al empatar con Godoy Cruz, inflaron los miles de pechos bosteros que llenaron La Bombonera. Es que con esta victoria ante Colón, el elenco que comanda Carlos Bianchi quedó a tres puntos y por primera vez en el campeonato se le anima al sueño de llegar al título.
Sí, Boca va de menor a mayor en este campeonato, más por resultados que por lo que juega. Pero al hincha, ese que canta, ese que se queda disfónico domingo a domingo, gritando por su equipo e ilusionándose con una nueva vuelta, poco le importa cómo juega su equipo, sólo le interesa alcanzar a la Lepra. El camino no será de rosas, porque en la pelea tiene a San Lorenzo, con el que jugará la semana próxima, y a Arsenal, con el que se medirá en la fecha 15ª. Pero en este fútbol ciclotímico e histérico todo puede pasar en 90 minutos en que esté rodando la pelota. Por eso, el grito de guerra xeneize que baja de las tribunas y de las plateas, “Que de la mano de Carlos Bianchi, todos la vuelta vamos a dar”, es un grito de guerra que encolumna a los xeneizes en la línea de batalla que más les gusta pelear.
Boca está arriba, cerca de agarrar de la cola a los rosarinos, pero tiene que mejorar, no descontrolarse, como le pasa a menudo, en medio de los partidos. Este equipo del Virrey ha mejorado con el correr de las fechas, de eso no hay dudas. Tiene a dos de los mejores jugadores de la Argentina, Juan Román Riquelme y Fernando Gago, a un goleador implacable como lo está siendo Emmanuel Gigliotti, a un defensor de jerarquía como el Cata Díaz y a un arquero que está en un muy buen nivel, Agustín Orion.
De todas maneras, con este Boca todo esto a veces no parece ser determinante, porque o por displicencia, por sobrar los partidos, por cansancio o, simplemente, porque las luces de los más cerebrales comienzan a hacer cortocircuitos, el elenco de La Ribera no convence y hasta a veces se queda sin nafta, como le pasó con Rosario Central, lo que le costó los tres puntos. Ayer le pasó lo mismo, pero con la diferencia que metió dos goles rápidos y porque además contó con la colaboración de un equipo rival sin nada de personalidad y muy poco juego como para terminar presionándolo cerca del arco de Orion.
La punta está cerca, faltan seis fechas y Boca va. La ilusión de un mundo azul y oro crece partido a partido. Los jugadores responden desde adentro de la cancha, ganando, sin jugar bien, pero ganando. A esta altura, y más todavía recordando el primer semestre del equipo en el cual se sufrió más de la cuenta, a ese señor, esa señora, ese pibe, que tienen los colores de Boca en el corazón, poco les importa si Román hace un caño, o si el Cata corta un avance, o si el Puma, o el Burrito la emboca; ellos quieren irse a sus casas a festejar un triunfo, acostarse y seguir soñando con salir campeón.
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