Cada vez que Diego Maradona cumpla años, una imagen y una figura en un potrero cualquiera intentará una gambeta eterna y la gente irá por la calle y se detendrá a ver otra vez y para siempre la imagen que elevó al diez a ese cielo donde vive.
Argentina contra Inglaterra es Diego, y el fútbol más perfecto que alguien haya inventado alguna vez en un Mundial. Aislado, y en esas soledades que supone Dubai, el astro argentino celebra 53 años de una vida de barros y de oros que es capaz de mirar a la distancia, porque es Maradona el que en ese espejo refleja al Diego. “En México ’86 salimos campeones sin entrenador. Eramos un equipo de verdad”, analiza en su retiro y todavía con esos retazos de una bronca acumulada con quien se sentó en el banco de los suplentes en el estadio Azteca.
“No hay vuelta atrás con él”, avisa, en su pelea con Carlos Bilardo, a quien apuntó en su momento como una de las personas que jugó a las espaldas en su salida como entrenador del seleccionado luego del cachetazo en Sudáfrica.
Historias de amores y de odios con quien compartió en los ’80 toda su magia que encandiló al mundo y por la que es, definitivamente, una de las personalidades y referencias del planeta. En diálogo con Perros de la Calle, dijo Maradona. “Deportivamente fue una revancha contra los ingleses hacerles un gol con la mano y el otro, que está en la historia de los mundiales. Eso hizo que la gente se identificara más conmigo que con otro jugador.” Certezas de un Diego alejado del cotillón del fútbol pero capaz de ver con naturalidad un hecho que, justamente al cumplirse los 30 años de la vuelta de la Democracia, vive y late cada vez que un pibe de medias bajas y zapatillas de lona haga jueguito en un barrio y una esquina.
Ese es Diego, el que juega y el que habla y desafía, el que enfrenta todo y a todos. En una presentación en la Universidad más coqueta del mundo y con zapatos o con una camiseta azul de números brillosos dentro de un estadio Azteca que todavía, y de noche, cuenta historias de quién fue.
Es el hombre que abandonó el retiro del fútbol. Se bajó de la tribuna para apagar el incendio que tenía los dirigidos por Alfio Basile caminando en la cornisa que lo dejaba afuera del Mundial de Estados Unidos. El hombre que conmovió a un país en cada entrenamiento.
Historias de amores y de odios con quien compartió en los ’80 toda su magia que encandiló al mundo y por la que es, definitivamente, una de las personalidades y referencias del planeta. En diálogo con Perros de la Calle, dijo Maradona. “Deportivamente fue una revancha contra los ingleses hacerles un gol con la mano y el otro, que está en la historia de los mundiales. Eso hizo que la gente se identificara más conmigo que con otro jugador.” Certezas de un Diego alejado del cotillón del fútbol pero capaz de ver con naturalidad un hecho que, justamente al cumplirse los 30 años de la vuelta de la Democracia, vive y late cada vez que un pibe de medias bajas y zapatillas de lona haga jueguito en un barrio y una esquina.
Con esa picardía y chispa con la que se juega y se habla, el Diego que anda dibujado en tatuajes infinitos no es sólo un gol bonito. En la voz, y en esa filosa mirada de las realidades, también registra ideas y patenta frases: “Estoy totalmente en contra de la camiseta rosa de Boca y me parece bien que Riquelme no la quiera usar. Esa se la tienen que dejar a la Pantera Rosa, a los de Boca nos tienen que dar la azul y oro. Te pone enfermo una cosa así.”
Ese es Diego, el que juega y el que habla y desafía, el que enfrenta todo y a todos. En una presentación en la Universidad más coqueta del mundo y con zapatos o con una camiseta azul de números brillosos dentro de un estadio Azteca que todavía, y de noche, cuenta historias de quién fue.
Es el hombre que abandonó el retiro del fútbol. Se bajó de la tribuna para apagar el incendio que tenía los dirigidos por Alfio Basile caminando en la cornisa que lo dejaba afuera del Mundial de Estados Unidos. El hombre que conmovió a un país en cada entrenamiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario