miércoles, 2 de octubre de 2013

En este tercer ciclo de Carlos Bianchi, el Xeneize sólo ganó un partido de visitante. Pero las últimas dos veces que el Virrey fue al Monumental se trajo triunfos resonantes. ¿Qué pasará el domingo?



Las últimas dos veces que visitó el Monumental, Carlos Bianchi se fue feliz. El 9 de noviembre de 2003, por la fecha 14a. del Apertura 2003, Boca derrotó 2-0 a River y el Virrey consiguió su primera victoria en Núñez como entrenador azul y oro. Poco más de siete meses después, el 17 de junio de 2004, su equipo perdió 2-1, pero un rato después Roberto Abbondanzieri le atajó el penal a Maxi López, Javier Villarreal convirtió y la clasificación a la final de la Copa Libertadores fue para el Xeneize. El antecedente no podría ser mejor. Da lugar para la ilusión. Pero es lejano. Y las realidades más inmediatas son capaces de mermar esas expectativas, porque de los 13 partidos como visitante que jugó en lo que va de 2013 por el torneo local, el conjunto de la Ribera ganó solamente uno.

El único triunfo que consiguió Boca fuera de la Bombonera en este tercer ciclo de Bianchi fue en el debut del actual Inicial, 2-1 sobre Belgrano en Córdoba. Un partido que, de no haber sido por los errores arbitrales que perjudicaron notoriamente al Pirata, bien podría haber tenido otro resultado. En las otras 12 salidas, el Xeneize acumuló cinco igualdades y siete caídas, cuatro de ellas consecutivas. Más allá de la ausencia de resultados, lo más preocupante fue el nivel que mostró el equipo en buena parte de esos encuentros: lejos de casa, el Xeneize tocó fondo el semestre pasado (1-6 contra San Martín de San Juan), mientras que en el corriente torneo tuvo su segunda peor actuación del año (0-3 con Olimpo) y fue ampliamente superado por Estudiantes. El dato alentador es que en el último partido disputado como visitante, contra Argentinos en La Paternal, el conjunto del Virrey fue superior a su rival y sostuvo buena parte del alto nivel que viene mostrando cuando juega como local.

La estadística llama la atención porque, en sus primeros dos ciclos en el club, Bianchi construyó buena parte de su leyenda lejos de la Bombonera. Fue en canchas ajenas, en terrenos hostiles, donde se hizo gigante. El Morumbí de San Pablo, el Nacional de Santiago de Chile o el mítico Azteca del Distrito Federal mexicano fueron algunos de los testigos privilegiados de las hazañas continentales del entrenador. Y esa estirpe ganadora nunca fue exclusiva de las noches coperas. En los torneos locales, el entrenador también estaba acostumbrado a conseguir resultados: cuando llegó a Boca a mediados de 1998, por caso, el técnico recién perdió fuera de casa en su partido número 18 (0-4 con Independiente, el día que se cortó la racha de 40 fechas invicto) y en el Clausura 99 ganó sus primeros seis encuentros en esa condición.

Tan buena era la producción del entrenador como visitante que en los diez certámenes locales que había dirigido (siete en su primera etapa y tres en la segunda), solamente una vez había terminado con récord negativo: en el Clausura 2001 ganó tres veces, igualó otras tres y perdió cuatro. Ahora, la historia es bien distinta. Pero la última imagen de Bianchi en la Bombonera todavía brilla demasiado como para dejarla en segundo plano.

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