El plan A de Racing en este debut de Mostaza Merlo como entrenador era defenderse, cuidarse, preservarse, salvarse: resistir. Dos laterales derechos, dos defensores centrales, un lateral por izquierda, dos volantes centrales y un volante por izquierda corredor. Una opción realista: no perder. Una opción de fantasía: ganar como se pudiera. Hipótesis, planes y teorías para una instancia: el partido 0-0. Con un problema. A los veinte minutos del primer tiempo, Héctor Cantero imaginó lo que nadie y puso una pelota que dejó mano a mano a Mauro Zárate que imaginó una gambeta que también imaginó Sebastián Saja, pero que ni imaginando llegó a atrapar. Gol de Vélez. El plan B: nada porque la noche se preparaba sólo para no perder. El plan C: el aura de Mostaza Merlo, el empuje de la gente y el corazón de los jugadores.
Como aquella tarde del 27 de diciembre de 2001, Mostaza Merlo entendió que un resultado tan posible como satisfactorio era el empate. La diferencia estuvo en el mismísimo extremo de lo que puede generar este deporte: aquella vez, salir campeón, esta vez, dejar de perder.
En el plano defensivo, Merlo diseñó lo previsible: Vélez acumula por su margen izquierda poder futbolístico. Por ahí corren Emiliano Papa, lateral devenido volante devenido wing, y Alejandro Cabral, volante ofensivo devenido en arma fundamental para seducir a la pelota. Por ahí, hizo correr a Ismael Quílez y José Luis Gómez. Los de Ricardo Gareca no juegan por el costado derecho: Fabián Cubero apenas pasa al ataque. En el mediocampo, romper con la circulación de Francisco Cerro, algo que Bruno Zuculini y Leonardo Rolheiser lograron de buena forma. ¿El problema? El empuje cada vez mayor de un rival que metía a Racing en la cueva. Hasta el gol. El gol te rompe todo el plan A y te sacude si no tenés plan B.
En el segundo tiempo, Merlo empujó: incluso, a Vélez, que inexplicablemente se metió tan atrás como Racing en el primer tiempo. Armar un ataque en pocos días es claramente difícil, sobre todo para un equipo que sólo hizo 3 goles en 12 partidos del torneo.
Tres delanteros: Gabriel Hauche –desperdició dos mano a mano únicos–, Luciano Vietto y Roger Martínez. Sebastián Saja con esa capacidad de protagonismo que todavía es implcable ¿Y qué más? Plan C: amor, empuje, corazón, aplastar: como sea, sobrevivir. Pero no alcanza. Con eso no alcanza y Racing continúa en un túnel a la deriva: 2 puntos de 24 posibles, 6 derrotas seguidas y la bronca. Lo planeado no salió y el amor no sostiene todo. Esta vez no llegó ni al empate.
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