jueves, 3 de octubre de 2013

Ramón armó un equipo con suplentes y cada uno imitaba los movimientos de jugadores de Boca. Mucha presión. Quiere ganar el partido por afuera.



Doce ojos estaban clavados en él, que, de lejos, parecía un loco. Los intorlocutores eran mucho más que pasivos: él sólo se movía, él sólo era el que hablaba, él sólo era el que gritaba.

A su alrededor, lo observaban un puñado de futbolistas que habían sido seleccionados para hacer un táctico-defensivo. Es decir: un ejercicio donde practicar de qué manera marcar cuando el rival –en este caso, Boca– es que está al ataque. Ahí, Ramón Ángel Díaz, enfervorizado, mostró las primeras pistas del equipo que el domingo saldrá a jugar el Superclásico. No sería otro que Marcelo Barovero, Gabriel Mercado, Jonatan Maidana, Eder Álvarez Balanta, Leonel Vangioni, Carlos Carbonero, Cristian Ledesma, Osmar Ferreyra, Manuel Lanzini, Federico Andrada y Teófilo Gutiérrez.

La idea del técnico fue la de armar un simulador. De un lado, con pechera azul, estaban los que aparentaban ser el Boca que River deberá enfrentar el domingo. Leonardo Ponzio hacía de Pablo Ledesma (claro, la práctica millonaria se realizó antes de que se confirmaran las paperas del volante xeneize que forzadamente deberá ser reemplazado); Augusto Solari jugó a lo Fernando Gago; Ariel Rojas intentaba ser parecido a Juan Manuel Sánchez Miño; Jonathan Fabbro era Juan Román Riquelme; Juan Carlos Menseguez se paró como el Burrito Martínez y Giovanni Simeone atacaba como se supone que lo hará Emanuel Gigliotti.
La maqueta era perfecta: los jugadores parecían haberse estudiado todos los movimientos del equipo de Carlos Bianchi. En el medio, Ramón Díaz enloquecía, incluso a este grupo. Los llenaba de gritos.

Del otro, con pechera celeste, los titulares. Con sorpresas: porque el Malevo Ferreyra, finalmente, parece haberle ganado la pulseada a Rojas y será titular, amparándose en una línea que lleva Ramón Díaz a muerte para este partido: “Ganarles el partido por afuera”, apostando, en este caso, a la sociedad que éste puede lograr con Vangioni. También apareció Carbonero, definitivamente ganador de la pulseada contra Kranevitter, quien aparecía como una supuesta variante. El Lobo Ledesma tuvo que lidiar con Fabbro, que en un entrenamiento puede complicar a cualquiera. La obsesión del técnico de River estaba en que el mediocampo presionara y le quitara espacios de recepción de pelota a Solari, quien funcionaría como Gago.

Un rato después, probó el mismo ejercicio con Ledesma para suplentes y Ponzio en su lugar. También, mandó a Ferreyra a los alternativos e incorporó a Rojas a los de pechera celesta. Sin embargo, el hecho parecía consumado. En la práctica de hoy comenzará a definir el equipo, aunque los nombres parecen puestos y Ramón Díaz ya los enloquece a gritos.

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