En este mundo se habla. Las palabras sirven para exponer ideas, para excluir ideas, para extirpar ideas y para expulsar ideas. Hace años que se ha saldado la discusión sobre si el conocimiento existe a partir de las palabras o no. Pero las palabras siguen siendo la mampara más precisa. Por eso, el silencio cotiza tanto. Por eso el silencio es un bien que vale oro en estos tiempos de incontinencias.
Ante la pregunta de si el equipo estaba para salir campeón, en el primer entrenamiento de este semestre, en el predio de Ezeiza, Ramón Díaz anunció: “Estamos bien, pero nos faltan los refuerzos. Con ellos vamos a pelear.” Luego de perder contra Gimnasia de La Plata, en la primera fecha, comentó el entrenador riojano: “Ceballos –por el árbitro- nos tiene de hijos”.
En la tercera fecha, tras empatar contra Godoy Cruz, lanzó: “Nos faltan los puntas. Con Mora y con Teo el equipo va a cambiar al cien por cien.”
Con el correr de las fechas, aseguró que al uruguayo le faltaba adaptarse. Que quería ver a Fabbro “más metido en River”. Puso a los juveniles, en principio, por necesidad. Los sacó para ver a los refuerzos. Quitó a los refuerzos porque los juveniles lo convencían más. Sacó a los juveniles y vuelve, ahora, con los refuerzos. Sin embargo, ayer, suspendió la práctica de los viernes, en la que suele explicar el equipo. En silencio, Ramón Díaz vuelve al comienzo. Vuelve a empezar.
Fabbro y Mora regresan al equipo titular. Entran por Manuel Lanzini y por Federico Andrada, dos que venían siendo inamovibles en la formación titular. Considerando que Teófilo Gutiérrez no estuvo el último fin de semana por haber jugado con la Selección de Colombia por las Eliminatorias Sudamericana, la variante en ataque es total. También sale Giovanni Simeone.
Sobre lo de Lanzini y lo de Andrada, corre por debajo la versión de que intentará probar a Mora y a Fabbro. Dado que ya no pelea el campeonato, la idea es darles los minutos a estos dos refuerzos que llegaron para casi no jugar en el equipo del riojano. Como si su semestre no tuviera nada que ver con River. “Falta de adaptación”, blanqueó Ramón Díaz, cuando se le consultó por sendas, reiterativas, ausencias. Es decir: un error dirigencial o del cuerpo técnico a la hora de contratarlos, puesto que los trajeron sin saber –o quizás sabiendo– que les iba a costar el fútbol argentino o que no iban a poder acomodar sus defectos físicos que arrastraban de experiencias anteriores.
A Ramón Díaz no le convenció la generación de juego de River contra Newell’s. Apenas hubo cuatro tiros (tres de ellos desviados) contra diecisiete del rival. En los últimos partidos, hubo una enorme confianza en el desequilibrio de Lanzini, quien no terminó de sacar la diferencia prudente como para ganar, individualmente, más jugadas. Fabbro es el único jugador del plantel al que el técnico considera enganche clásico. “Me trajeron para darle juego al equipo”, anunció el jugador de la selección de Paraguay cuando llegó. Su aparición en el conjunto titular tiene que ver con eso. Lo de Mora es confianza o una suerte de gran oportunidad.
Esas parecen las razones detrás de tantas palabras. El silencio cotiza porque ya no quedan excusas.
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