En la platea que da a la autopista, la baja sur, un joven baila como si estuviera sobre las tablas del teatro Colón. Danza. Sube y baja escalones. Gira. Aplaude para levantar a los hinchas. A pesar de la fresca, viste remera blanca del club y pantalón azul elastizado. Al cuarto de hora, se acerca a la baranda que separa la tribuna de la cancha, se apoya y pasa a contemplar el partido. Al rato, se abriga y se pierde entre las personas. Vélez estuvo a años luz de ser el ballet de Ricardo Gareca. La penetración al área y la pinchada de Héctor Canteros antes de los diez segundos, que salió apenas afuera, pudo haber presagiado un baile clásico en el Amalfitani ante La Equidad.
Pero no fue tan así: el equipo colombiano se animó a ir por el gol frente al deambular fortinero y lo consiguió con un cabezazo de José Moreno a los 42 minutos del primer tiempo, a pesar de que jugó la mayor parte cerca de su arco, sin la pelota, marcando en línea. Lo concreto es que Vélez se valió del 2-1 en los 2600 metros de altura de Bogotá y de un presente para ser ídolo de Lucas Pratto para lograr igual resultado y clasificarse a los cuartos de final de la Copa Sudamericana, instancia en la que enfrentará al ganador de Ponte Preta-Deportivo Pasto: en la ida, ayer, ganó 2-0 el equipo brasileño.
A Vélez le costó engranar el juego que pretende porque –ya con Federico Insúa decididamente como suplente–, Pratto se demoró en asumir la doble tarea de retrasarse para armar jugadas y acompañar a Mauro Zárate. Tuvo, es cierto, un puñado de situaciones de gol. Falló Zárate, que suele desentenderse de los compañeros, en la definición. Canteros, el mediocampista central que alguna vez recibió el elogio de Ronaldinho después de un Argentina-Brasil en Córdoba, se asoció con Agustín Allione. De ahí brotó lo mejor. Del pie de Allione voló el pase a la cabeza de Pratto, que marcó su segundo gol en esta Copa Sudamericana.
A Vélez le costó engranar el juego que pretende porque –ya con Federico Insúa decididamente como suplente–, Pratto se demoró en asumir la doble tarea de retrasarse para armar jugadas y acompañar a Mauro Zárate. Tuvo, es cierto, un puñado de situaciones de gol. Falló Zárate, que suele desentenderse de los compañeros, en la definición. Canteros, el mediocampista central que alguna vez recibió el elogio de Ronaldinho después de un Argentina-Brasil en Córdoba, se asoció con Agustín Allione. De ahí brotó lo mejor. Del pie de Allione voló el pase a la cabeza de Pratto, que marcó su segundo gol en esta Copa Sudamericana.
La figura, luego, se retiraba ovacionado. Si bien Vélez salió con actitud en el complemento, se benefició con la expulsión de Darwin Andrade y alejó el balón del arco de Sebastián Sosa a través de la posesión, transitó una sensación contradictoria entre los oles tímidos que bajaban de las tribunas y ese gol de La Equidad que lo separaba de la bola de nervios de los penales. Pero el equipo bogotano no reaccionó, y el gol de Zárate –por fin pudo embocarla– puso punto final a un encuentro no resultó tan cómodo. A siete puntos del líder Newell’s en el torneo Inicial, Vélez tendrá tiempo para afinar el movimiento: para que el cuerpo responda a lo que hay en la mente de los jugadores y del Tigre.
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