Carlos Bianchi viajó a Mendoza con un fuerte dolor de cabeza porque no sabía cómo formar la defensa de su equipo. Las lesiones que sufrieron Cristian Erbes y Nahuel Zárate lo obligaron a improvisar una línea de fondo que nunca había implementado desde que volvió a su tercer ciclo en Boca: cuatro marcadores centrales. De esta manera, decidió que Daniel Díaz pase a ser el lateral por la izquierda y que Matías Caruzzo sea el encargado de ocupar la banda derecha. Y pese al empate agónico, esta decisión que tomó el Virrey no rindió sus frutos: por los costados de la defensa Xeneize fue por donde Godoy Cruz sacó diferencias.
Ante la falta de carrileros, Bianchi decidió que viaje con el plantel el juvenil Maximiliano Padilla y todo hacía indicar que iba a jugar su primer partido en Primera como titular. O de lo contrario, que Juan Sánchez Miño o Jesús Méndez dejen el mediocampo y pasen a ser los laterales. Pero el director técnico no hizo ninguna de estas cosas y puso en Mendoza a la defensa que probó en los últimos dos entrenamientos en Casa Amarilla: Cata Díaz fue el número 3, Claudio Pérez y Guillermo Burdisso la dupla por el medio –ambos de mal partido– y Matías Caruzzo fue el número 4. Y este planteo que tuvo poco tiempo de trabajo, Boca lo sufrió: ninguno de los laterales cumplió el rol de carrilero. Pese a que a los 30 minutos Daniel Díaz mandó un buen centro que terminó con el anticipo ofensivo de Emmanuel Gigliotti, que le pegó casi con la suela y marcó el primer gol del equipo de Bianchi, esa fue la única oportunidad en que un lateral del visitante desbordó y se animó a atacar. En el resto del partido, se notó que los que ocupaban la banda eran centrales porque no se proyectaban, se cerraban mucho y dejaban que Godoy Cruz atacara con total tranquilidad por los costados. Facundo Castillón doblegó siempre por la izquierda de la defensa de Boca y José Luis Fernández hizo lo mismo por el lado derecho.
Con esa misma fórmula, Gonzalo Castellani recibió sólo por la derecha y mandó un centro por bajo que José Luis Fernández, el ex Racing, definió mordido para el empate del Tomba. Y después, en el comienzo del segundo tiempo, tras un saque de banda por la banda que defendía Matías Caruzzo, Federico Lértora recibió en la medialuna, remató en el palo y Mauro Óbolo se vistió de Martín Palermo, su entrenador: estaba en el lugar justo de un delantero oportunista para que su equipo pase a ganar 2 a 1. Con dos volantes como Jesús Méndez y Juan Sánchez Miño que tampoco colaboraban en la defensa por los costados, Boca en desventaja fue muy confuso para atacar y no lograba doblegar a un equipo que lo dejaba actuar y tomar el protagonismo. Nunca estuvo cómodo: ni cuando estuvo en ventaja y mucho menos cuando el Tomba sacó la diferencia.
Párrafo aparte mereció la pésima actuación de Pedro Argañaraz: al árbitro tucumano se le fue de las manos el encuentro. En la primera etapa no cobró un claro penal por un agarrón a Mauro Obolo, en la que no contó con ninguna colaboración del asistente Iván Núñez, que vio todo el hecho de frente. Y en el segundo tiempo siguieron las graves imprecisiones: no sancionó un claro penal a Juan Manuel Martínez y se mostró muy dubitativo en una falta a Franco Cángele, en la que el línea dijo que era penal y el referí tiro libre, que fue lo que terminó cobrando. La única gran virtud del complemento: cobró el claro penal de David Achucarro contra el Burrito que el Chiqui Pérez cambió por gol a minutos del final.
Boca rescató un punto de Mendoza. Agónico, casi de casualidad... Si lo ganó o perdió dos, se verá al final del torneo. Por ahora, tiene gusto a casi nada.
9 penales pateó Chiqui Pérez en Primera: convirtió todos.
6 partidos sin derrotas tiene Boca: tres empates y tres victorias.
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