Su semblante no cambió. Con la tercera conquista de Arsenal y aún con 25 minutos por jugarse de la final de la Copa Argentina, Juan Antonio Pizzi caminó mucho menos que lo habitual por el corralito, mientras cada tanto su rostro se escurría entre sus manos y no precisamente para secarse las gotas de la lluviosa noche catamarqueña.
Quince horas después, al arribar al Aeroparque Jorge Newbery en Buenos Aires y después de un breve análisis de la derrota, el entrenador de San Lorenzo que ya enfilaba hacia la salida pareció recordar que lo más importante no lo había dicho aún. Se paró en seco, retrocedió y con la mano hizo que los micrófonos que se estaban guardando volvieran a apuntarle. “Ayer tuve una charla con los directivos para concederles la libertad para que resuelvan mi situación contractual. No es una renuncia, simplemente es la liberación del contrato que tenemos firmado para que ellos decidan lo más conveniente para el club que es la única preocupación”, sostuvo Pizzi. Era la imagen vívida de un tipo tan cansado como afligido.
Las espontáneas palabras del entrenador azulgrana, por imprevistas y reveladoras, causaron gran repercusión en el ambiente del fútbol. Es que si bien aclaró que “no es una renuncia”, por haber sido el propio involucrado el que se encargó de contar algo que pocas veces se sabe, una cuestión que ni siquiera se le había consultado, no dejó de sorprender. Su gesto, el de dejar a disposición de la dirigencia su continuidad, fue reconocida por muchos como una actitud de persona de bien, aunque también, el hecho de que haya sacado a la luz lo que dialogó con Matías Lammes y compañía, amplió el abanico de incógnitas sobre su continuidad.
LIBERACIÓN.
“Me gustaría seguir dirigiendo, tengo las fuerzas y creo que tenemos el equipo necesario. Pero mi obligación después de esta desilusión es liberar a los dirigentes de este compromiso asumido por mucho tiempo más”, agregó Pizzi en la mini conferencia que él mismo encendió con sus dichos, mientras los jugadores que dirige se iban en silencio y en taxis, ya que no estuvo a tiempo el bus para recogerlos en el aeropuerto metropolitano.
A partir de sus confesiones, el partido, la superioridad y goleada de Arsenal, pasó a un plano menor. Desencadenante, aunque inferior. Porque el proceso que empezó a desandar el Ciclón, ya sin Sudamericana y sin la posibilidad de la Copa Argentina para saciar las gargantas cuervas, parece estrecho. De la triple alternativa a la que se animó el propio Pizzi al comenzar el actual semestre, San Lorenzo solamente puede aspirar a ganar el Torneo Inicial y para ello deberá descontar las seis unidades que le lleva Newell’s y las tres que le sacó su gran verdugo Arsenal. No es tarea sencilla. Ninguna lo es y si bien tampoco es imposible, ahora la cuesta no permite visualizar el horizonte y el margen de tolerancia de los hinchas, que nunca fueron enamorados por el ex entrenador de Central, quedó más en vilo que nunca.
DEPENDENCIA.
A partir de sus confesiones, el partido, la superioridad y goleada de Arsenal, pasó a un plano menor. Desencadenante, aunque inferior. Porque el proceso que empezó a desandar el Ciclón, ya sin Sudamericana y sin la posibilidad de la Copa Argentina para saciar las gargantas cuervas, parece estrecho. De la triple alternativa a la que se animó el propio Pizzi al comenzar el actual semestre, San Lorenzo solamente puede aspirar a ganar el Torneo Inicial y para ello deberá descontar las seis unidades que le lleva Newell’s y las tres que le sacó su gran verdugo Arsenal. No es tarea sencilla. Ninguna lo es y si bien tampoco es imposible, ahora la cuesta no permite visualizar el horizonte y el margen de tolerancia de los hinchas, que nunca fueron enamorados por el ex entrenador de Central, quedó más en vilo que nunca.
DEPENDENCIA.
“Sigue Juan”. Específica y concisa fue la respuesta del presidente de San Lorenzo. Matías Lammens, quien, como los demás dirigentes del Ciclón, vivió el día después con mucha desazón. Y que a pesar del dolor por sentir las manos vacías, acalló las dudas fundadas en las especulaciones que hubo de por medio. Antes, el entrenador del Ciclón también había contado: “Cuento la situación para que no haya malentendidos ni malinterpretaciones. Ellos no me comunicaron nada todavía”. Además de agregar los motivos por los que decidió tomar la determinación de sincerase: “Considero que era mi obligación, porque soy el máximo responsable de este equipo, el golpe fue muy duro y me duele más que a todos.”
La bronca todavía se mastica entre los hinchas de San Lorenzo. Las expresiones de desánimo son muchas, tantas como la expectativa que había generado la final. Nadie olvida que cerca de 20 mil cuervos asistieron al estadio Bicentenario de Catamarca en una caravana muy triunfalista, antes de tiempo. Y ante la asimilación de la caída que impide al Ciclón volver a jugar su gran cuota pendiente, la Copa Libertadores, muchas también fueron las voces en respaldo del entrenador.
Aunque el genuino pensamiento recién se percibirá el sábado por la noche en el Nuevo Gasómetro. A pesar de que cuando asumió San Lorenzo deambulaba todavía groggy en zona de descenso y ahora se lamenta haber perdido una final, como también se ilusiona con pelear el Torneo Inicial, Pizzi jamás encantó a la tribuna. Nunca tuvo un reconocimiento, como el que tuvieron otros, pese a alguna que otra cosecha inferior. El día anterior de la caída sin atenuantes en el noroeste, el entrenador cumplió un año en el cargo con un 57% de efectividad.
Hoy que el subcampeonato se hizo carne, el propio entrenador se encargó de permitir a los dirigentes que decidan lo que crean conveniente, como también de auto incentivarse al declarar que: “Hay que levantarse y pensar en el partido del sábado”.
Frente a All Boys, el conjunto de Boedo jugará un partido que dejó de ser secundario y pasó a ser uno de los ocho peldaños hasta fin de año. Peldaños que probablemente sean impensadamente resbaladizos.
La bronca todavía se mastica entre los hinchas de San Lorenzo. Las expresiones de desánimo son muchas, tantas como la expectativa que había generado la final. Nadie olvida que cerca de 20 mil cuervos asistieron al estadio Bicentenario de Catamarca en una caravana muy triunfalista, antes de tiempo. Y ante la asimilación de la caída que impide al Ciclón volver a jugar su gran cuota pendiente, la Copa Libertadores, muchas también fueron las voces en respaldo del entrenador.
Aunque el genuino pensamiento recién se percibirá el sábado por la noche en el Nuevo Gasómetro. A pesar de que cuando asumió San Lorenzo deambulaba todavía groggy en zona de descenso y ahora se lamenta haber perdido una final, como también se ilusiona con pelear el Torneo Inicial, Pizzi jamás encantó a la tribuna. Nunca tuvo un reconocimiento, como el que tuvieron otros, pese a alguna que otra cosecha inferior. El día anterior de la caída sin atenuantes en el noroeste, el entrenador cumplió un año en el cargo con un 57% de efectividad.
Hoy que el subcampeonato se hizo carne, el propio entrenador se encargó de permitir a los dirigentes que decidan lo que crean conveniente, como también de auto incentivarse al declarar que: “Hay que levantarse y pensar en el partido del sábado”.
Frente a All Boys, el conjunto de Boedo jugará un partido que dejó de ser secundario y pasó a ser uno de los ocho peldaños hasta fin de año. Peldaños que probablemente sean impensadamente resbaladizos.
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