Ya a los dos minutos de juego en el Gigante de Arroyito, el partido soñado por Los Pumas quedó en eso: en un sueño. Porque, más allá del flojo momento en el que Australia llegaba a Rosario con la obligación de no tener un traspié que lo dejara último en la segunda edición del Rugby Championship, el partido perfecto que los argentinos tenían que realizar en la despedida de Felipe Contepomi se quebró en el primer ataque de los Wallabies: la defensa albiceleste se quedó dormida y, sin que Horacio Agulla ni Marelo Bosch pudieran reaccionar a tiempo, una jugada por izquierda entre Joe Tomane y Israel Folau terminó en try del fullback. Y, claro, en el silencio que invadió al público argentino, ilusionado con el primer triunfo de Los Pumas, pero también a los mismos jugadores que, si bien siempre fueron conscientes del juego wallabie, jamás imaginaron un comienzo como el de anoche.
En un abrir y cerrar de ojos, la despedida que todos querían darle a Contepomi se convertía en un 0-7 a los 180 segundos en Rosario. Desde aquel momento, los argentinos se aceleraron y volvieron a recordar aquellos primeros momentos de este Rugby Championship: perdieron la pelota, reincidieron en los penales y empezaron a fallar en los tackles. En esa sintonía, terminó el primer tiempo, con dos tries más de Australia y con problemas de Argentina para defender tanto en las puntas como en el centro. La ilusión, esa que el Gigante de Arroyito celebró a puro grito de desahogo, llegó a dos minutos del final, con el try del Chelo Bosch que, sin opción de pase a diez metros del ingoal, corrió solito para achicar a 15 la diferencia de los Wallabies. Pero la historia ya estaba escrita.
Porque esa debilidad nacional, esa intermitencia en el juego, volvió a lastimar con una jugada idéntica a la del comienzo del partido: al minuto de iniciado el segundo tiempo, otra vez Folau se zambullía en el ingoal nacional, otra vez a empezar de nuevo. La falta de reacción que brilló por su ausencia en Soweto apareció tímidamente en Rosario y, después de una jugada a puro ruck a cinco metros de la hache de Australia, llegó Landajo para sumar su segundo try con Los Pumas y poner las cosas 17-32. Pero esa reacción tardía debió enfrentarse contra unos Pumas tristemente parecidos a los del debut, más acelerados pero igual de confundidos y de quebrados en defensa. Ese quinto try de los visitantes, que dejó en claro por qué los Wallabies dominan a Argentina hace 16 años, apareció minutos antes de la última salida de una cancha de Felipe Contepomi vestido de celeste y blanco.
Porque esa debilidad nacional, esa intermitencia en el juego, volvió a lastimar con una jugada idéntica a la del comienzo del partido: al minuto de iniciado el segundo tiempo, otra vez Folau se zambullía en el ingoal nacional, otra vez a empezar de nuevo. La falta de reacción que brilló por su ausencia en Soweto apareció tímidamente en Rosario y, después de una jugada a puro ruck a cinco metros de la hache de Australia, llegó Landajo para sumar su segundo try con Los Pumas y poner las cosas 17-32. Pero esa reacción tardía debió enfrentarse contra unos Pumas tristemente parecidos a los del debut, más acelerados pero igual de confundidos y de quebrados en defensa. Ese quinto try de los visitantes, que dejó en claro por qué los Wallabies dominan a Argentina hace 16 años, apareció minutos antes de la última salida de una cancha de Felipe Contepomi vestido de celeste y blanco.
Poco después llegó el sexto, después el séptimo, y la vergüenza: el 54-17 final y en casa. Y la cara del centro desde afuera, ante semejante paliza mientras la gente abandonaba las tribunas antes del final del partido, fue clara y dura, en la noche de su despedida: Los Pumas no sólo no lograron concretar ese crecimiento que nació tras la estrepitosa caída en Soweto ante Sudáfrica, sino que inesperadamente cerraron su participación con un juego tan pobre como el del comienzo.
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