lunes, 7 de octubre de 2013

Monumental desbordado: Hubo mucha más gente que lo permitido y un fiscal intervino, podrían clausurar la cancha.



Ni bien comenzaron a expenderse las entradas p ara el Superclásico y a circular el rumor de que algunos hinchas de Boca iban a ir al Monumental, los de River propusieron que todos asistieran con la banda roja en el pecho para dejarlos en evidencia. La gran mayoría siguió la consigna al pie de la letra y copó el Monumental con la misma pilcha con la que los jugadores salieron a la cancha.

Durante los 90 minutos que duró el encuentro, los hinchas y los jugadores fueron por el mismo camino: arrancaron con una ilusión eufórica y se fueron desdibujando con el correr del tiempo. Pero en el instante mismo en que terminó el encuentro, la hinchada de River se pareció más a los jugadores de Boca. Es que mientras los de Boca se unieron en una abrazo gigante y los jugadores locales se lamentaban cada uno por su lado, la tribuna explotó como si el resultado hubiera sido otro. Fueron 60 mil camisetas de River alentando no se sabe bien qué, en la fiesta de 18 camisetas azules y amarillas.

Si algún infiltrado pudo festejar a su manera en la tribuna, su presencia estaba prohibida. Pero también hubo otros tantos de River que tampoco debieron estar ayer en el Monumental. Es que las tribunas lucieron desbordadas, las escaleras se convirtieron en asientos y en la Belgrano alta la multitud obligó a correr las cámaras de TV. Por eso, un fiscal comenzó a buscar pruebas de la sobrepoblación –los molinetes podrían brindar esa información– y si las consigue, River será sancionado y hasta podría tener que recibir a Belgrano sin hinchas o en otro estadio. Tal vez tengan que sufrir por TV como hicieron los de Boca ayer, salvo por esos bosteros anónimos que armaron su fiestita detrás de la tribuna Sívori, con fuegos artificiales incluidos. ¿Estaban en la avenida Lugones, en Ciudad Universitaria o en la estación Lisandro de la Torre? Sólo ellos lo sabrán, pero seguramente preferirán mantener su aspecto sombrío que hostiga a gallinas aun el día que no los dejaron entrar, como el fantasma de la B que lanzaron al aire atado de unos globos, que desfiló lento y punzante a lo ancho del estadio gracias al viento, que en ese momento parecía hincha de Boca. En realidad, el viento siempre jugó para el mismo lado y ninguno de los más de 60 mil presentes, sin importar la camiseta, lo podrá dudar.

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