Ese puñado de más o menos 16 buzos y camisetas azules y amarillas resaltaba claramente contra el rojo y blanco de un estadio Monumental repleto de hinchas de River. Ese minúsculo grupo de jugadores xeneizes saltaba y cantaba desenfrenadamente. Nadie los acompañaba. No había una popular acompañando esa pequeña fiesta. Era su fiesta privada. El desahogo, luego de una semana casi silenciosa, cauta, sin declaraciones rimbombantes, sin chicanas, fue enorme. Es que Bianchi les había bajado línea a sus muchachos de no hablar demasiado. “River decime que se siente, haber jugado el Nacional”, fue el grito sagrado íntimo de los muchachos boquenses, nada más y nada menos que en las narices de su eterno rival.
Ahí estaba Emmanuel Gigliotti, a quien a esa altura de los acontecimientos se le había ido el mareo por el traumatismo de cráneo que había sufrido en el segundo tiempo y que le impidió terminar el partido. Saltaba, cantaba, iba dejando la voz en el césped del estadio millonario. Y claro no era para menos. A los 23 minutos del encuentro primereó a Maidana y la mandó a guardar para darle el triunfo a Boca en el Superclásico. El Puma entró en la historia, entonces no era para menos la euforia propia y de sus compañeros. Él fue el responsable estirar la paternidad de uno sobre el otro, de mantener a su club invicto contra el elenco de la banda roja desde que este regresó a Primera. Entró en la historia como el hombre que le ganó a River en un estadio sin simpatizantes de Boca. Como en aquella Libertadores de 2004.
Gigliotti precisamente fue uno de los que habló en la previa a este encuentro y entre algunas cosas, dejó escapar una ilusión, un sueño, “Estaría bueno ganar y si es con un gol mío, mejor.” Vaya a saber uno cuantas velas habrá prendido el delantero en la semana. El tema es que algún santo lo escuchó y sus deseos le salieron redonditos. “Por suerte se dio el gol pero sobre todo sirvió para ganar que era lo más importante, lo que vinimos a buscar”, fueron sus palabras tras la victoria. Obviamente que sus dientes, por la enorme alegría que lo envolvía, eran lo más visible del “9” boquense.
El Animal jugó un buen partido. Molestó siempre y complicó más todavía a los defensores riverplatenses. Sus mañas para desmarcarse, su fortaleza para aguantar y sobretodo su olfato y viveza dentro del área, fueron clave para que hoy todo el pueblo de Boca festeje un nuevo triunfo clásico. Casi marca a los 20, pero Barovero se lo impidió. Pero Gigliotti es de esos delanteros que no se bajonean y fue tres minutos después y tuvo su premio. Como lo tuvo jugando con Atlético Tucumán, All Boys y Colón. El centrodelantero ya es un karma para el elenco de Núñez.
Se fue del Monumental con un: “Fuimos eficaces. Es cierto que River tuvo un montón de chances pero el gol lo hicimos nosotros y eso es lo que importa”.
El Puma abrió la “boca” y dejó mudo al Monumental.
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