Dios no es hincha de River. Aún más: Dios no es hincha de River y nunca, ni aunque un amigo se lo pida, hincha por River. Aun más y más: Dios, cuando River juega contra Belgrano, es un fanático de Belgrano. Aun más y más y más: Dios, cuando River juega contra Belgrano, le da a River un penal y hace que lo erre para que sienta más dolor. Dios está empacado. Y, si no, perdón a los Dioses, pero, a esta altura, es la única forma de explicar esta historia de agobiantes malas suertes que no se disimulan.
River, una vez más, no le ganó a Belgrano. Empató, con el infaltable Satanás sentado en la platea. Vale pensar lo peor: que en el cuarto minuto del segundo tiempo, cuando Rodrigo Mora se iba solo para el gol, Luciano Lollo, protagonistas de todos los capítulos del pis del elefante, le tiró una patada porque sabía que, desde los 12 pasos, Belgrano tenía más chances que River. Valía pensar lo mejor: que Teófilo Gutiérrez, un tipo nacido en Barranquilla, un colombianito virgen de esta sangre malparida, iba a agarrar la pelota, le iba a decir a Mora que mejor el penal lo pateaba él y, frente a Sebastián Blázquez, que aparentemente no tenía el mismo aura que Juan Carlos Olave, iba a acabar con tanta leyenda maldita. Vale pensar que lo peor es poco: que los penales los va a seguir fallando, incluso si los pateara Daniel Passarella, un implacable goleador desde los doce palos.
Los penales son la cara más pálida de esta exhibición de religiones amparadas en el mal. La primera escena fue, claro, la más dolorosa e imborrable: Mariano Pavone patea contra Olave, en el partido de la vuelta por la Promoción, con la ilusión de poner a River, todavía, en la posibilidad de quedarse en Primera, y lo erra, como si ese cuento –el peor de los episodios de esta zaga de brutos evangelios– ya tuviera un final escrito desde antes. La segunda escena: Rogelio Funes Mori, en el último minuto del primer partido de River en Primera, frente a la morbosa situación de un enfermo del mal que armó un calendario para dañar corazones, tiene un tiro desde los doce pasos, con un partido que va 2-1, y lo patea por encima del travesaño. La tercera escena: es la demostración cinematográfica de que una historia que llega a sus tres episodios es un éxito de taquillas, Teo agarra y la pone en el mismo lugar que su antecesor. Y el relato de estos recuerdos no es una búsqueda de machacar heridas: es una búsqueda teológica y del ensañamiento de los Dioses con una posición. Sí: son todos centrodelanteros los que quedan en las páginas.
Vale pensar, también, que la suerte es una causa de la realidad: River metió 8 goles en 12 fechas, es el peor arranque en goles de la historia del club, hace tres partidos que no la mete, su centrodelantero tiene un solo gol en el campeonato y la falta de eficacia es recurrente. Del torneo pasado a este, cambió cuatro de cinco delanteros, pero la historia no se modifica ni con la inversión de 3,5 millones de dólares por Teo. Aun así, estuvo lejos de parecerse al partido contra Newell’s, de la semana pasada, donde pateó apenas cuatro tiros al arco: esta vez, se perdió nueve situaciones claras de gol.
¿Por qué, Dios? ¿Por qué, ahora, con Teo, que se llama igual que vos? ¿Por qué, si el domingo es el día de descanso, ese día hay este ensañamiento? Porque Dios no es hincha de River.
3 penales errados por River en los últimos tres choques ante Belgrano.
8 goles en doce fechas es la magra estadística de River.
3 penales errados por River en los últimos tres choques ante Belgrano.
8 goles en doce fechas es la magra estadística de River.
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