martes, 22 de octubre de 2013

Pablo Argañaraz apunta salomónicamente a dos jugadores y un auxiliar de cada equipo. Los locales Curbelo y Ramis, los xeneizes Ledesma y Caruzzo: no sólo ellos participaron de la trifulca. También pararon al árbitro.



Todo empezó antes de que se cumpliera media hora del primer tiempo. Un cruce fuerte entre Juan Román Riquelme y José San Román fue el primer chispazo que encendió la mecha que terminaría en el escándalo. A partir de esa rencilla silenciosa, que se mantuvo durante todo el partido, siempre oculta a los ojos del árbitro, el clima del Godoy Cruz – Boca empezó a levantar temperatura. Los errores sistemáticos de Pedro Argañaraz encendieron el fuego avivado en la jugada en que primero cobró penal y luego tiro libre a favor del Xeneize. Todo estalló por una propuesta de intercambio de camisetas: cuando el defensor del Tomba, Jorge Curbelo, fue a pedirle la casaca a Pablo Ledesma, el mediocampista xeneize se la negó. Y no sólo eso. Dijo: “Porque esta vale y la de ustedes no”. La frase desató la furia de los locales. Y ahí se armó la pelea dentro del campo de juego y prosiguió en el gimnasio que está ubicado antes de la zona de vestuarios del Malvinas Argentinas.

El árbitro Pedro Argañaraz se tomó su tiempo para elaborar el informe que debía elevar al Tribunal de Disciplina de AFA: el tucumano cerraba de manera tumultuosa su cuarto partido en Primera. Luego recibiría en su vestuario a dirigentes de Godoy Cruz, al vicepresidente de Boca, Juan Carlos Crespi, y finalmente, según dejaron trascender desde el Colegio de Árbitros, realizó un duro reporte de lo sucedido.

Sin embargo, a la hora de señalar culpables, el árbitro apostó por una lógica salomónica: los únicos nombres que aparecen son los de dos futbolistas y un integrante del cuerpo técnico de cada equipo. Los que cargaron con las culpas son los dos principales generadores de la pelea, Ledesma y Jorge Curbelo, pero también Matías Caruzzo y Jonathan Ramis. Además, el colegiado mencionó en su racconto a José María Castro, ayudante de campo de Carlos Bianchi, y a Gastón Mendoza, preparador físico de Martín Palermo.
“Yo no hice nada”, aseguró el asistente del Virrey a la pasada, en la llegada del plantel a Aeroparque.

Los cuatro jugadores que fueron informados deberán presentarse en el Tribunal para realizar sus respectivos descargos, pero es un hecho que quedarán suspendidos de manera provisoria y no podrán jugar los partidos que sus equipos disputarán esta semana. De los sancionados, el único que explicó el por qué de su reacción fue Matías Caruzzo: “Me llamó la atención que cuando terminó el partido, Curbelo le tiró dos o tres trompadas a Pablo (Ledesma), sin respeto ni nada. Ahí es donde yo termino entrando”. El central del Xeneize se mostró arrepentido por lo sucedido y aseguró estar a la espera de lo que se resuelva en AFA: “La locura se desató por culpa de todos. Lo nuestro está muy mal porque después somos los que pedimos tranquilidad afuera de la cancha. La sociedad está así y no dimos el ejemplo, erramos los caminos”. 

El tono conciliador se repitió entre los jugadores del conjunto de La Ribera: “Fue una situación lamentable, pero no hay que echar más leña al fuego, fue un error”, aseguró Franco Cángele cuando se bajó del avión en Buenos Aires.

Por el lado del Tomba, lejos de buscar enfriar los ánimos, sus jugadores siguieron ante los micrófonos lo que habían comenzado con los puños. “Hablan de más, no hay necesidad de desmerecer al otro equipo. Si uno supuestamente está en un grande y se cree importante, mejor que se lo guarde. Después hablan de códigos, y no los tienen. Pero ya nos vamos a volver a cruzar”, desafió Mauro Óbolo. 

Un poco más en búsqueda de concordancia, pero con la calentura todavía a flor de piel, San Román también se quejó de la actitud de Ledesma: “Canchereó, nos invitó a todos a pelear en el vestuario. Hay cosas que no se dicen, si te crees más grande que el otro no tenés que decir nada, lo tenés que demostrar con hechos. De todos modos no hay excusas para lo que pasó, fue desagradable”. El lateral, además, le apuntó directamente al árbitro, al que acusó de favorecer a Boca: “En algunas decisiones se veía que quería cobrar un penal, como lo que pasó con Achucarro y Cángele. No sé si era el árbitro adecuado para este partido”.
El conflicto pasó. Los días, seguramente, terminarán de bajar los ánimos tanto en La Boca como en Mendoza. Pero las sanciones ya son inevitables.

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