martes, 22 de octubre de 2013

Ramón y Emiliano Díaz estuvieron reunidos un rato con Teo Gutiérrez. ¿Qué le pasa al delantero colombiano que no convierte? ¿Influye su posición en la cancha? Barovero y Carbonero, las voces de un plantel que lo banca.



Ramón Díaz esperó a que se apagaran los grabadores. Estaba en Loja, Ecuador, en el partido de ida por la Copa Sudamericana. Como si fuera en un poscafé, meditó: “Es cierto que el árbitro se equivoca, pero Teo tenía que meterla antes”. El juez de línea había invalidado –incorrectamente– un gol de rebote que había marcado Gabriel Mercado. Desde ese día, algo al entrenador dejó de cerrarle del goleador al que había traído.

Teófilo Gutiérrez, el hombre de los 3,5 millones de dólares, el protagonista de la novela del mes de inhabilitación, el que prometía saldar los problemas de un año entero, ya no usa la ropa de profeta: en el entrenamiento de ayer, en la cancha auxiliar de Núñez, el día después de errar el penal contra Belgrano, el delantero colimbiano tuvo una charla con Ramón y Emiliano Díaz, los tres a solas, en la que le pidieron un cambio.

Desde que arrancó el torneo, jugó once partidos, tuvo once disparos al arco y, apenas, un gol. En la Copa, contra Loja, en la vuelta, metió el otro tanto que tiene con la pilcha de River. Al llegar, su promedio de gol era de 0,49. El de ahora mejor ni mencionarlo. Hasta el partido contra Belgrano, la cantidad de situaciones de gol que tenían eran más bien escasas, pero el encuentro contra el Pirata hizo estallar la preocupación latente: tuvo cuatro disparos, de los cuales uno fue un mano a mano y otro un penal. No pudo convertir, en un equipo que atraviesa su peor arranque goleador en torneos cortos, con 8 goles en 12 partidos. “Es un jugador de jerarquía. Todos sabemos que su talento es muchísimo. Ya le va a salir”, analiza su compatriota Carlos Carbonero. “Es una mala racha, simplemente, pero sabemos que tiene mucha capacidad”, estudia Marcelo Barovero. Aún así, el cuerpo técnico no lo piensa tan así: no les convence.

El problema, para el cuerpo técnico, pasa por la posición que el colombiano ocupa en la cancha: no les cierra que Teo salga tanto del área a buscar la pelota. “De chiquito jugaba de número diez, me gusta hacerlo así”, planteó, alguna vez en Racing, cuando se le hacía el mismo cuestionamiento. Ramón Díaz lo quiere en la zona caliente de la delantera. Y ayer, en una charla que duró diez minutos, en el comienzo de la práctica, se lo hizo notar.

Pero fue una imagen que permite una dura lectura. “A los grandes hay que pedirles lo que no les podemos pedir a los más chicos”, manifestó Ramón Díaz, a comienzo de este campeonato, separando a Rodrigo Mora y a Teo de Giovanni Simeone y de Federico Andrada. Eso mismo lo volvió escena ayer: era una charla que bien se podría haber tenido en el vestuario o en la confitería de River, que los lunes está cerrado y no tiene actividad más que el colegio, cosa de tener la intimidad pertinente. Sin embargo, decidió exponerlo: que vieran las cámaras de televisión, los periodistas y sus compañeros que había una charla, un reto y un tirón de orejas. Sin embargo, al terminar el entrenamiento, tal como después del partido del domingo, el delantero decidió mantenerse en silencio.

Cuando Ramón Díaz habla de fútbol y de la vida, destaca una virtud de él mismo: “Tengo ojo, mucho ojo”. Es un entrenador que elogia abiertamente a los jugadores que tienen instinto. Bueno, Teo es instinto puro. Si él considera que debe pararse en un costado de la cancha, lo hace. Si quiere por el centro, lo hace. Desde que llegó a River, todos pensaron que no estaba rebelde. Aún así, desde el cuerpo técnico consideran que es así: que Teo hace lo que quiere. El partido de mañana será una evidencia: se adapta o la mete a su modo. De lo contrario, nada seguirá igual.

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