lunes, 7 de octubre de 2013

Boca ganó el partido en que River creó muchas más situaciones y manejó la pelota por más tiempo. Cerró con una victoria una semana infestada de problemas, tuvo tres lesionados y el oportunismo de Gigliotti.



Tres cuartos de cancha. Boca al ataque. Madeja de piernas y músculos calientes. Riquelme tocaría su única pelota en todo el partido. Iban 23 minutos. Estupendo pase al Burrito. Ahí nacía el gol xeneize. Gigliotti no es Palermo, pero él también tocó una sola, que valió tres puntos.

Un partido de Copa, definiría Bianchi un rato después. Ramón admitiría que entregaron todo, pero que no acertaron en el arco adversario. Boca sin la pelota. River buscando. Boca construyendo un muro que empezaba en su arquero. River perdiendo la calma a medida de que perdía juego. Boca generando gladiadores en las dificultades. River disolviéndose en las debilidades anímicas y en las excusas. Un partido de los ‘90.

¿Quién jugó mejor? Teófilo Gutiérrez, que lastimó cuando se zambulló a las espaldas de los marcadores laterales de Boca, que tocó de primera con Lanzini o quien pintara, que siempre bancó con el cuerpo y encaró, que pidió la pelota en todo instante. Pero ese delantero de área que desvelaba al técnico jugó lejos del punto del penal y apuntó al arco a los 91 minutos. ¿Quién fue la figura? Agustín Orion, porque evitó tres goles clarísimos que influyeron en el resultado, la última atajada en el último instante. ¿Quién tuvo más ocasiones de gol? River creó no menos de una decena, incluidas tres que rebotaron en los palos, manejó la pelota durante buena parte del tiempo, tuvo una hora de claro dominio. ¿Quién hizo más goles? Boca recién tuvo su primer corner a los 62’; había llegado dos veces antes y tuvo sólo una clara después. Pero de esas tres, una Barovero debió ir a buscarla adentro de su arco.

El fútbol es un juego repleto de contradicciones. Aunque, hoy por hoy, qué le van a hablar de eso a Boca.

La primera media hora fue de lo mejor que mostró River en el semestre. Un equipo claro: ahogando en la mitad, haciendo la cancha corta y muy ancha, con Carbonero y Rojas despiertos y precisos; con Lanzini buscando desesperadamente un agujero en el corazón del terreno, a las espaldas de Gago y Erbes, que respiraba en la nuca; con Teo de pivot, vivo para encarar o irse por detrás de Nahuel Zárate.

Esa media hora mostró al Boca con más registro Bianchi. Un equipo claro: mirando las constantes indicaciones de su entrenador para corregir cómo se paraba en la cancha, fundamentalmente para hacer el aguante, para dejarle el cambio de ritmo al criterio de Gago, para no depender de la inmovilidad de Riquelme, para alimentar las intermitencias del Burrito. Los demás, a correr y apretar los dientes, a rezar para que pasara el chubasco lo antes posible.

Mercado a quemarropa ante Orion. Pase milimétrico de Teo para Lanzini, que no pudo conectar. Andrada cebeceando a las nubes. Olor a gol de River. Pero, por supuesto, el que lo hizo fue Boca. “Este clásico lo vi mil veces”, podrá haber dicho cada una de las 60 mil almas que sufrían en el Monumental. Barovero demoró la cuestión con una atajada que no ingresará en la historia porque tres minutos después Mercado se durmió y Gigliotti lo anticipó para inflar la red. El dedo índice de Riquelme empezó a trabajar a destajo, para reubicar a sus compañeros en un equipo que se hizo un acordeón: apretado hacia atrás y largo, muy largo, allá a lo lejos, con el Burrito y Gigliotti.

River tenía que modificar su destino. Pero Ramón incluyó a Ponzio en el lateral, con la intención de sumar ambición: lo que agregó fue un cúmulo de pelotazos. Carbonero, que había empezado para comerse el partido, terminó siendo el peor; Lanzini se sumergió en la impotencia y Teo se cansó de picar en la cornisa. La pelota que River tan bien manejó por abajo en el primer tiempo, ahora estaba en el aire la mayor parte del tiempo: sin precisión, a dividir. Papita para el Virrey. Su equipo ya se había subido al riel de su segundo triunfo consecutivo, la primera vez que ocurre en el año.

Sólo faltaba un hecho simbólico. El final los volvió a encontrar. Cabeceó Gutiérrez y Orion voló para desviar. El arquero cerraba el resultado.

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