domingo, 6 de octubre de 2013

Newell’s, con ambición y un funcionamiento aceitado, liquidó 2-0 a Quilmes y mantuvo la punta. Sin el Tata, sin Scocco, pero con la misma identidad de un equipo que juega bien.



Newell’s juega a la pelota porque sabe que, inevitablemente, va a ganar el partido. Convencido, el equipo que dirige Alfredo Berti tiene una fortaleza y una idea inquebrantable que, a esta altura, va más allá de un técnico y hasta de un nueve goleador que ni siquiera se extraña demasiado. De Gerardo Martino a Berti, de Ignacio Scocco a la adaptación de Maximiliano Rodríguez como delantero, este campeón del fútbol argentino está por encima de los hombres y de los nombres. Sintonizado y en esa frecuencia donde la paciencia y la mecanización de los movimientos supera a un Quilmes que no esconde miserias y que queda al desnudo con sus fragilidades sin respuesta.

Difícilmente, el conjunto rosarino pierda el envión y el efecto ganador que lo lleva a jugar descomprimido y en un fútbol descontracturado. Al cabo, lo que defiende es un título y en ese camino no será juzgado por sus hinchas si aparecen piedras que no le permitan el bicampeonato. Sin embargo, no se relaja ni se queda en esas viejas escenas de gloria pasada y tan cercana. La ambición de este equipo que ahora dirige Berti está tan intacta que no asoman límites definidos en su horizonte. 
 
Cuatro triunfos consecutivos –siete ganados de diez jugados y apenas una sola derrota, en el fatídico 0-3 ante Newell’s– lo ponen en lo más alto de la tabla cuando se transita por la mitad del torneo. Y, para confianza propia y admiración ajena, no parece mostrar fisuras que impidan tener a este equipo en la definición del torneo. Porque Maxi Rodríguez levanta la bandera y se manda como delantero, y si no puede por la derecha es capaz de moverse para abrir el camino de la victoria por la izquierda. En la primera, Sebastián Peratta lo impide, en la segunda el hombre del seleccionado entra por detrás de la jugada para tocar a la red. El gol, ese golpe que acusa el equipo de Nelson Vivas, es determinante en un partido donde el local no es capaz de ingeniar una jugada con criterio más allá de Diego Diellos, el más activo.

Pudo, sin embargo, ser una goleada para Newell’s. Pero desde ese cabezazo de Diego Mateo y el 2-0, la máquina se desconecta y de la sensación que la categoría entre unos y otros profundiza aun más las grandes distancias. De sombrero, de lujo, en un ataque que no descansa, pero que busca la excelencia, intenta el tercero simplemente para decorar un resultado y no para justificar –porque no hace falta– que este partido lo tiene en ganador en la teoría y en la práctica apenas se mueve del mediocampo.

A esta altura del torneo pasado, el equipo tenía un punto menos y finalizó con la gloria de la mano de Martino. Inmejorable, y con la pasta de campeón, será toda una aventura frenar su ilusión de la doble corona.

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